Burlador de Defensas

El CD Leganés de Asier Garitano sigue sumando puntos con una continuidad que jamás logró alcanzar el curso pasado. Es el mismo equipo, prácticamente son los mismos jugadores, pero este año ya cuentan con el bagaje competitivo de una temporada en Primera. Es decir, cuentan con conocimiento. Con poso. Están manejando mejor los tiempos, cometiendo muy pocos errores y rentabilizando cada acierto con una precisión bancaria. Cada gol del Leganés vale dos puntos, el doble de lo que valió el año pasado, una cifra que, por cierto, ya era entonces una de las más altas de la competición.
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En esto tiene todo que ver el modelo de Garitano y su adaptación, tantas veces comentada, a las características que definen para bien y para mal al fútbol español. A partir de esta idea se entiende la relevancia de Szymanowski, de Dimitrios Siovas, de Beauvue o de Gabriel Pires, un mediapunta brasileño que hace más tackles (3,9) que remates (2) y más faltas (1,8) que regates (1,6). Pero a la hora de repartir méritos, seguramente nadie deba ser más mencionado que Rubén Pérez. Él es, por ascendencia sobre su equipo e impacto sobre los partidos, el gran culpable de este crecimiento competitivo que está exhibiendo el conjunto madrileño en la actual temporada.

A Rubén le conocemos desde hace tiempo. Canterano colchonero, coetáneo de Koke, se presentó en la élite como un centrocampista asociativo capaz de dirigir encuentros. Sin embargo, le ha costado mucho demostrarlo. En sus primeras aventuras por Coruña, Getafe, Betis y Elche pasó excesivamente desapercibido. Solía jugar, pero sin mucho impacto. No lo hacía mal, pero tampoco muy bien.
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Aunque ya en el Granada se notó cierta evolución, ha sido ahora, en el Leganés de Garitano, cuando ha demostrado que su tarjeta de visita tenía razón. Rubén Pérez es un director de juego. No un organizador, es un director. Maneja los tiempos, junta al equipo, suma pases. Controla todo lo que sucede a su alrededor, ejerciendo como nexo perfecto entre todas las fases del juego. Su colocación es notable. Su toma de decisiones, impecable. Y esto unido a su sentido asociativo, el cual le convierte en uno de los jugadores que más pases dan (54) a pesar de jugar en uno de los equipos que menos balón tienen (47%), es fundamental. Esta cifra, de hecho, merece contextualización. Rubén Pérez promedia apenas 7 pases menos que Luka Modric o Dani Parejo, por citar dos nombres, y 15 pases más que el segundo jugador de su equipo (Diego Rico).

Sobre su ascendencia en el juego pepinero no hay duda. Sobre su calidad para gestionar el balón en un equipo con mucho jugador con mentalidad defensiva -y aquí incluso se podría hablar también de él mismo-, todavía menos. Asier Garitano imaginó un equipo equilibrado en todos sus propósitos. Y Rubén lo ha hecho posible.

La estadística es realmente sorprendente viendo cómo está jugando el Leganés y lo que quiere su entrenador del mediocentro. Y la verdad es que Rubén Pérez está jugando muy bien, probablemente el mejor momento de su carrera.