Zidane

Llegados a este punto y teniendo en cuenta que Cristiano Ronaldo y Karim Benzema fueron los dos hombres que siempre tuvieron cabida en el sistema básico del francés, se puede decir que otros dos futbolistas definieron su plan, uno en una primera etapa, y otro en la segunda: Gareth Bale e Isco Alarcón. El principal matiz táctico de Zidane fue darle de forma regular a Toni Kroos la posición de interior izquierdo, pero la apuesta por la BBC era recuperar un pilar básico de la etapa de Carlo Ancelotti. Sin embargo, el funcionamiento colectivo variaba de forma muy relevante con la inclusión de Casemiro. Sin Kroos como mediocentro y sin que el interior izquierdo ofreciera movilidad entre líneas -como en su día sí hacía James Rodríguez-, el juego en los picos del área pasó a ser fundamental. El Real Madrid, para tener control y robar en campo contrario, debía progresar mucho por fuera, y ahí los apoyos de Cristiano Ronaldo y Bale en posición de extremos pasaron a ser fundamentales.
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El apoyo de ambos fue aire para Marcelo y Carvajal, que tenían ese colchón que por detrás formaba la posición abierta de Modric y Kroos, alimentando al apoyo de Bale y Cristiano y haciendo que los dos laterales encontrasen siempre una buena alternativa para progresar. Zidane terminó de dar forma a su sistema de base con la figura de Karim Benzema, que sin duda ha sido una de sus grandísimas apuestas, precisamente porque por aclamación popular ha sido muy discutido por culpa de sus problemas de finalización. Sin embargo, Benzema fue importante para Zidane casi en cualquier contexto, pero más si cabe con el 4-3-3 en el que el equipo necesitaba para asentarse en campo rival una estructura por momentos demasiado rígida, con Modric-Kroos abiertos, Bale-Cristiano yendo a un apoyo exterior y Casemiro eliminado de esa circulación. La movilidad de Benzema para abrir líneas de pase por dentro fue el principal recurso para que el rival tuviera que estar preocupado de una defensa mucho más ancha, con el consiguiente problema que eso supone.
Durante mucho tiempo y debido al gran potencial con el que contaba Zidane entre sus manos -la suplencia de Isco era evidentemente lo más chocante- su apuesta constante por la BBC provocó que se pusiera en duda su capacidad de decisión. Sin embargo, la explicación iba más allá de que Bale hubiera costado “mucho dinero”. El Real Madrid, con los extremos ocupados de una forma más o menos constante las bandas -al final Cristiano Ronaldo y Bale son jugadores de constante incidencia en el carril central- lograba perder la pelota mejor, finalizar más jugadas y presionar con más éxito.
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El técnico francés tenía muy claro su plan ‘A’, pero la realidad de estar manejando la plantilla más poderosa del momento le obligó a construir un Real Madrid que será recordado por la rotación y la inevitable variación en sus planteamientos.
Aquí, evidentemente, entra en escena Isco Alarcón, que en la temporada del doblete Liga – Champions pasó a ser una de las piedras angulares del sistema. Los problemas físicos de Gareth Bale y su tremendo nivel individual obligaron a Zidane a incluir al malagueño en el once, alcanzando durante esa segunda mitad del curso 2016/2017 la indiscutible condición de estrella mundial. El técnico galo ya había intentado apostar en muchas ocasiones por el exmalaguista como alternativa a Modric o Kroos.